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28/03/2008

¿ nos necesita realmente el futuro ?

Por white_devil
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El teórico del conocimiento Douglas Hoftstadter invitó en abril del 2000 a algunas de las estrellas de la ?escena robótica? a una reunión en la Stanford University en Palo Alto, California para discutir si ?robots inteligentes suplantarán a la humanidad en el año 2100?. Algunos expertos como el científico en informática Ray Kurzweil afirman que pronto habrá robots con conciencia, y que para ello basta la creciente capacidad de cálculo de los ordenadores. Si bien Hans Moravec, experto en robótica, concede que hasta ahora no se han podido fabricar robots con inteligencia de pequeños peces, él apuesta por la creciente capacidad de las computadoras. En 30 años, afirma Moravec, la evolución de la técnica, con su velocidad 100 millones de veces superior, allanará el camino para pasar de los minúsculos sistemas neurológicos de insectos a una inteligencia similar a la humana. Otros científicos no están seguros. Por ejemplo John Hollad, un pionero en el campo de la vida artificial y de los algoritmos genéticos, pone en duda esta visión optimista, aludiendo que todavía hay muchas interrogantes sin respuesta. Ello se pone en evidencia, señala, al comprobar que los programas no siguen en ningún caso la ley de Moore, que postula que la capacidad de los chips, inventados en 1958, se duplica cada dos años, y con ello la eficiencia de las computadoras. También John Koza, el inventor de la programación genética, no ve una casualidad automática entre la capacidad de cálculo de las computadoras y el aumento de la inteligencia.
Desde hace ya décadas que las opiniones sobre la marcha triunfal de los robots están divididas. Con regularidad, los optimistas profetizan la próxima ?toma de poder? por parte de los robots, mientras que los escépticos consideran, en el mejor de los casos, que todavía queda mucho por recorrer hasta llegar a ese escenario, o creen que determinadas funciones del cerebro humano no pueden ser copiadas. Además, afirman que seguramente el desarrollo tomará otro derrotero, ya que la evolución técnica no es rectilínea.

La situación es hoy bastante confusa, pues en muchos campos de la robótica se anuncia éxitos y avances. Y naturalmente que hay muchos desarrollos sorprendentes, que indican que actualmente se está investigando en todas las direcciones. Por el contrario, paulatinamente se va diluyendo la imagen convencional del robot inteligente: un ser semejante al hombre física e intelectualmente. Y ello porque no hay que olvidar que hay muchas formas diferentes de inteligencia, adaptadas a un medio ambiente determinado, sino también formas corporales muy diferentes. Lo único que hoy parece que se sabe con exactitud es que una inteligencia similar a la humana presupone un cerebro conectado con un cuerpo y con la mayor cantidad posible de sensores y dispositivos de acción, y que pueda explorar el mundo aprendiendo. Probablemente sea necesario asimismo una vida de grupos, puesto que una parte considerable de las acciones inteligentes son fruto de la inteligencia social, por ejemplo el idioma, la capacidad de intuir lo que otros piensan o el reconocimiento de relaciones sociales complejas. Sin embargo, quizás debamos decir definitivamente adiós a la imagen del robot formado completamente con piezas mecánicas y electrónicas: probablemente, el futuro apunta a ser un compuesto, como el robot de cuerpo mecánico y el cerebro de un pez que han presentando recientemente los científicos de la universidad de Génova, de la Northwestern University y de la University of Illinois en Chicago. Cabe señalar que no han utilizado todo el cerebro, sino únicamente algunas células cerebrales del pez Petromyzon Marinus, con el fin de dirigir un robot.

¿Sirvientes, socios, nuevos amos?

Aún no se puede predecir qué curso tomará el desarrollo de esta nueva disciplina científica. La robótica, ¿es quizá solamente una etapa previa de las manipulaciones genético-tecnológicas de seres vivos, es decir, para fabricar incluso robots biológicos desarrollados desde un principio según las artes de la ingeniería? ¿O es probablemente una técnica intermedia que produce conocimientos sobre los puntos de contacto entre sistemas biológicos y técnicos? ¿O un principio que terminará por dejar atrás la biología, y quizá incluso a la humanidad? A largo plazo, uno de los limites decisivos a formular en la evolución de los robots que dispongan de cuerpos materiales complicados no será tanto la ?inteligencia?, sino que la imposibilidad de que el cuerpo marche a la par que el cerebro de silicio, sobre todo que no pueda modificarse a sí mismo junto con el cerebro. Por lo menos, esta fusión de programas y equipos físicos es el ?truco? innovador que hace superior a la biología sobre la robótica.

No obstante, se comienza a visualizar que no serán los robots superinteligentes los que triunfarán finalmente, o aquellos ingenios elaborados en el MIT como ?Coq? o ?Kismet?, que son robots que aprenden y que con muchos sensores captan el entorno y actúan con conciencia. Por el contrario, cada vez se hace más latente que los robots que se pueden mover libremente pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana, pero serán robots domésticos o compañeros de juegos, siendo aceptados así sobre todo por la gente joven. Naturalmente habrá robots que realicen un trabajo concreto como cortar el césped o pasar la aspiradora, pero la verdadera invasión correrá por cuenta de aquellos robots que sean juguetes, o por lo menos que sirvan para jugar.

iRobot-LE, el amigable extraño en casa

Y si, además, son útiles como el iRobot-LE, que fuera presentado en el otoño del año 2000, nos acostumbremos rápidamente a los nuevos inquilinos. Con un precio de 5,000 dólares, iRobot-LE no es precisamente económico, pero puede realizar muchas tareas y es sólo el pionero de toda una nueva tropa de nuevos habitantes en el hogar. Por cierto que su característica más atractiva es que no solamente puede ser manejado con un tele comando en casa, sino también vía Internet mediante una computadora y un programa de navegación.

El fabricante afirma que es una prolongación de la propia persona, una especia de imagen atávica en un espacio real que permite la tele presencia. iRobot-LE puede leer a los niños cuentos para dormir, y si uno está fuera de casa se puede observar a ?través? de él qué están haciendo el perro o los otros habitantes. Este robot está equipado con una cámara de video, un micrófono y altavoces, de tal manera que el usuario pueda comunicarse con él desde la distancia ? es otro módulo más para mantener las relaciones en el mundo virtual del siglo XXI. Probablemente, las criaturas artificiales más bien banales que en un futuro próximo participarán de nuestra vida cotidiana tendrán un aspecto similar y serán como el ingenio iRobot-LE. No muy inteligentes, con cierta autonomía, algo parecidos a un ser viviente para ser aceptados, equipados con cada vez más sensores y dispositivos de acción, con cierta movilidad ? mejorando a la vez paulatinamente su capacidad.

¿Una revolución tecnológica gracias a la nanotecnología?

Naturalmente que es concebible que, antes que nos superen y nos conviertan en animales domésticos, los robots puedan transformarse en un peligro para la humanidad ? un escenario que el experto en robótica Hans Moravec anticipa. Es decir, ¿nos espera nada menos que la abolición de la humanidad? Más probable sería mientras más autónomos sean los robots: pues si alguna vez es posible que gracias a su autor reproducción los robots se encaminen por las sendas de la evolución, no solo sus actos serían impredecibles ? su desarrollo sería tan casual como la evolución biológica. Aunque esta tendencia, que se mantiene desde los años sesenta, perdurara con el socorro de la tecnología molecular y la nanotecnología, sería un error lógico pensar que el incremento de la capacidad de cálculo y de la velocidad de procesamiento por segundo implica al mismo tiempo un aumento similar de la inteligencia.

En verdad, el cerebro humano no es aquella supercomputadora a la que se adjudica una gran velocidad: el cerebro humano es extremadamente complejo debido a las numerosas conexiones, tipos de células y formas de comunicación que, generalmente, son procesadas paralelamente. Todavía no tenemos muchos conocimientos de los procesos que tienen lugar en el cerebro; mientras tanto, los enjambres de inteligentes nano robots que se autor reproducen y que se desplazan raudos por nuestro cuerpo realizando determinados trabajos siguen siendo fruto de la ciencia ficción. En este sentido, la investigación en este campo aún se encuentra en una etapa inicial y primitiva, a pesar de que los primeros resultados sean sorprendentes y, además, señalen que la solución más adecuada no sean los robots, sino que seres híbridos biotécnicos (o criaturas tipo ?cyborg?) ? una solución mejor que la técnica computacional con piezas móviles. Así por ejemplo, científicos de la Universidad de Cornell han podido reproducir la primera versión de ?Cyborgs?, aunque su tamaño no supere el de un virus. Estas nano máquinas impulsadas por diminutas hélices se utilizarán, algún día, para aplicaciones médicas: se podrán inyectar masivamente en el torrente sanguíneo de un paciente, y dirigirlas al lugar preciso para producir medicamentos y, a continuación, bombearlos directamente en las células enfermas. En un futuro no determinable aún, fábricas completas de sustancias químicas, formadas por estas nano máquinas, podrían trabajar y reparar células. Los científicos esperan conseguir que la energía necesaria para impulsar los motores biomoleculares provenga de fotones ? es decir, de luz. Y naturalmente que las nano máquinas del futuro no sólo estarán equipadas con sensores y capacidad de cálculo, sino que también podrán autoconstruirse en el interior de determinadas células.

¿A las puertas de una evolución autónoma?

Todavía no es fantasía que la nanotecnología permita que los nano robots se autoconstruyan si, por ejemplo, en su cuerpo se encuentran los materiales apropiados y un programa de inicio, sea de la naturaleza que sea. Hasta ahora, en el mejor de los casos la evolución de los robots está limitada a nivel de programa. De esta manera, quizás los ?cerebros? de los robots sean capaces de aprender pocas cosas, gracias a las redes neuronales y a los algoritmos genéticos; no obstante, la ?evolución? de su cuerpo debe ser independiente, puesto que se trata de llevar a la practica una forma material. En realidad, aún queda un largo camino por recorrer hasta que se produzca una evolución autónoma de los robots. ¿No sería una gran ventaja que los robots se reprodujeran en la Luna o en Marte para construir una colonia que, alguna vez, pudiera ser usada por el humano, o que por lo menos pudiera suministrar materias primas o productos acabados para la Tierra?

Un desarrollo y optimización evolutivos de equipos físicos y programas de robots significaría, naturalmente, un alivio para el hombre, quien ya no necesitaría planificar y realizar cada paso. No solamente los seres biológicos demuestran que con estrategias evolutivas se puede construir algo exitosamente, sino también los así llamados algoritmos genéticos. Y aunque el conocimiento y el comportamiento de los robots, limitado por le cuerpo, fuesen ?autónomos? gracias a los programas utilizados, el último e importante paso sería siendo ? al igual que la evolución biológica ? una adaptación simultánea de programa y equipo físico, de conocimiento o comportamiento y cuerpo. Cabe señalar que ya hay robots que se replican materialmente, demostrando de esta manera un proceso de coevolución casi automático de programa y equipo físico. Sin embargo, una vida artificial que se desarrolla evolutivamente se encuentra, hasta ahora y en el mejor de los casos, únicamente en las memorias de las computadoras. Hasta ahora, los robots que tienen un cuerpo material no se pueden reproducir de forma autónoma, ni tampoco desarrollarse evolutivamente. Científicos de la Brandeis Universito EE.UU. han presentado algunas primeras soluciones en el camino hacia el desarrollo de una verdadera vida artificial que se desarrolla a sí mismas mediante la reproducción: ?Nuestro postulado central es que para alcanzar una vida artificial no es indispensable solamente alcanzar una autonomía plena en el nivel de la energía y del comportamiento, sino también en el nivel del diseño y de la fabricación. Solamente después de lograr estos objetivos podremos esperar que seres artificiales tomen el camino de una evolución propia?. Es decir, es necesaria una planificación y fabricación automática de robots que se diferencien mínimamente entre si: además, deben ser livianos, baratos y fáciles de producir en masa ? así como la naturaleza crea y examina seres vivos, adaptándolos a las cambiantes condiciones ambientales.

Florian Rotzer

Fuente: Revista Deutschland (http://www.magazine-deutschland.de), S No. 1 / 2001 febrero/marzo

Categorías: Futuro, Robótica, Nanotecnología, Electrónica 0 Comentarios 0 Comentario(s)

 

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